· Baños ·

Se llama Baños de Agua Santa y queda en las frondosas faldas de un inmenso volcán al que los locales llaman, amorosamente, la Mama Tungurahua.

Nosotros nos sentábamos en una pequeña terraza con bouganvilles y mirábamos cómo la tarde la vestía de rojo. Era fácil imaginarla iracunda y grandiosa, arrojando bocanadas de humo y lava. Sin embargo su presencia no nos asustó. Más bien nos sentimos protegidos y felices en las arrugadas enaguas de vegetación de esa abuela ancestral.

En su presencia celebramos la vida y la muerte. Bebimos y comimos, y recibimos un año de vida más rodeados de nuevos amigos de toda la vida.

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