· Ciudades del Sur ·

No sabíamos qué ruta nos llevaría de las montañas de San Andrés de Pisimbalá a Popayán. Habíamos oído rumores de que la carretera estaba cerrada, y temíamos que el camino se haría más largo. Sin embargo el bus llegó a la hora esperada y en poco tiempo estuvimos en el páramo neblinoso, dentro de un bus que resbalaba por montañas que parecían derretirse. El camino no estuvo exento de aventura y emociones fuertes, que digerimos con un caldo de costilla en una hermosa parada en Malvazá. Después, la ciudad blanca. 

Y así pasaban nuestras últimas horas en territorio colombiano, viendo como hormigas a la gente que entraba y salía de la iglesia tomándose fotos, y pensando en ese puente al sur –Rumichaca- que nos esperaba a pocos pasos de distancia y que en unas horas estaríamos cruzando dirección a nuestro nuevo destino.

Resulta casi irónico el pseudónimo de esta ciudad cuando se tiene en cuenta la cruel historia de racismo que se esconde tras sus bellas fachadas, y que se evidencia en el emblemático Puente del Humilladero, cuyo nombre se asocia a los maltratos recibidos por los esclavos a manos de los colonos.

 

Hoy Popayán cuenta con hermosos espacios verdes donde se pasean estudiantes de muchas partes del país, y con una cultura gastronómica galardonada de la que las empanaditas de Pipián siguen siendo nuestras favoritas.

 

Después de Popayán nos hospedamos por poco tiempo en Pasto, dónde nuestro primer reto fue encontrar el mejor cuy -conejillo de Indias- de la ciudad, pues este es el plato más representativo de la gastronomía pastusa. Una vez superado dicho reto, y después de caminar por el centro histórico, terminamos la tarde en “El Café de la Catedral”, donde probamos los “quimbolitos” –pasteles de maíz dulce preparados en hoja de achira-, que acompañamos con un café mientras disfrutábamos las vistas del hermoso jardín interior.

Como despedida de Colombia visitamos la Virgen de las Lajas en su templo, que oscila entre surrealista y Kitsch. No sé si la fe mueva montañas, pero sin duda las transforma, como lo evidencian los centenares de placas que agradecen a la Virgen los favores concedidos, y que tapizan las paredes rocosas del cañón donde la catedral se levanta orgullosa.

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now