· La Salida ·

"Run, Forest, Run!"

Jenny, Forrest Gump.

La cuenta regresiva, que ya estaba corriendo desde hacía meses, apuraba su paso. ¿Cómo despedirse, nuevamente, de la ciudad que me vio nacer; la que nos acogió durante los últimos dos años?.

Pero la aventura llama, y la visa de Marc, ya vencida, marca con prisas el rumbo al Sur. A nuestro mejor estilo, salimos de Bogotá -que parece un monstruo de compromisos y excesos de realidad-, huyendo accidentados y victoriosos, dejando asuntos pendientes y otros sólo medio resueltos. También se quedaron algunas cosas que, aunque no lo sabíamos entonces, nos harían falta más adelante...

 

 

Al ser escupidos de la ciudad al verde que anuncia la bienaventuranza, las montañas quebradas de la cordillera oriental marcaban el comienzo de esta ruta al Sur, de este cambio de dirección, de este nuevo caminar; y mientras los semáforos y los pitidos desaparecían, las serpenteantes curvas de la carretera señalaban nuevas dimensiones para los sueños que comenzaban a tejerse.

La travesía, que constó de 3 buses y 9 horas de viaje desde que salimos del apartamento, concluía por fin mientras nos adentrábamos en el Desierto de la Tatacoa, ante la mirada atónita de una luna gigantesca y naranja que iluminaba nuestra primera noche.

S.

La Tatacoa · M.

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