· Tatacoa ·

“Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo”

El principito, Antoine De Saint-Exupéry

 

Nunca había estado ahí antes, en esas dunas silenciosas, en esas rocas de basto océano extinto. El paisaje, que por la noche sólo había podido intuir mientras llegábamos a las cabañas de “Casa Marquéz”, se dibujaba con los primeros rayos del alba. Por suerte para mi frágil piel, nuestra madrugada fue pagada con una película de nubes que disfrazaba de sueño el asfixiante e interminable desierto, y que no nos abandonó hasta llegar a nuestro destino.

 

 

 

De las muchas caras que tiene el desierto de la Tatacoa, el desierto rojo es el que más atrae las miradas de los turistas, pero son los tonos grisáceos y beige los que predominan en el “valle de las tristezas” –como lo llamó Jiménez de Quesada-, donde las rocas parecen bailar secretamente, formando humildes tótems bajo el sol.

Caminando por los secos caminos resulta claro que la Tatacoa no es en verdad un desierto, sino, como dirían los expertos, un “bosque seco tropical”. Hay vida tras cada roca, en cada rincón que sirve de escondite al inclemente sol. Rastros de lo que alguna vez fue un hermoso jardín, los gigantescos cactus lucen sus rojos frutos, que alimentan a las aves que se atreven a robarlos. A la distancia vemos siluetas de hermosos caballos o cabras juguetonas. Es mejor no buscar muchos rastros de vida en este terreno pedregoso, donde la única ley es la del más fuerte, no va y sea que nos encontremos con la serpiente que le da el nombre a este árido lugar. Sin embargo llega a nosotros, como representante y evidencia de su fauna, Normanda –llamada así en honor a nuestro mejor y único amigo huilense, Norman-, una pequeña perra estilo chacal del desierto que nos acompañaría durante todo el camino, mostrándonos que la simpatía es también una herramienta de supervivencia.

Tatacoa · S

¿Hacia dónde dirigirnos en este desierto donde no parece haber direcciones ni destino? Como salida de la nada, en la mitad de la nada y bajo un sol desnudo que ha disuelto ya las nubes protectoras, una piscina de aguas azules aparece como un espejismo, rompiendo el mono-tono del desierto.

 

Hemos llegado.

S.

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