· Lobitos ·

El viento peina las desoladas costas de un Lobitos que existió hace meses. Hoy queda poco de ese árido paisaje del recuerdo. Los Huaicos abrán transformado nuevamente la realidad de un pueblo que parece querer ser borrado por la historia y por la tierra. 

En noviembre, en Lobitos no había Huaicos, sólo viento y arena, y unas olas furiosas que llamaban a los surfistas. Se dice que fueron ellos los que, en la historia reciente, rescataron del olvido a este pequeño pueblo pesquero. 

En el desértico paisaje del norte peruano, a inicios de 1900, los empresarios extranjeros de la Lobitos Oilfields Limited, construyeron para sus trabajadores un pequeño pueblo de madera que incluso ostentó el primer cine de Suramérica. Sin embargo, los maravillosos edificios construidos con pino Oregon fueron abandonados tras el golpe de estado en 1968, cuando la dictadura del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada expulsó las empresas extranjeras del país. 

El pueblo se convertiría en un pueblo fantasma hasta el comienzo de la guerra con Ecuador, cuando sería utilizada con fines militares. El olvido llegaría nuevamente con el fin de esta guerra. Poco a poco se fueron los militares y se dice que con ellos se llevaron puertas y ventanas y las pocas cosas de valor que quedaban en las viejas construcciones. Después fueron las olas las que llamaron a los surfistas, y también a los locos y los inadaptados que vieron la posibilidad de borrar sus pecados con golpes de mar y viento.

A nosotros Lobitos nos regaló dos lunas llenas, noches de fogata y buenos amigos; pintura y una grieta, olas gigantes y una mesa de Ping-Pong. Hoy le dedicamos un pensamiento a Lobitos para que los Huaicos no se lleven lo que la historia no ha podido borrar.

El Pedestal

Habría sostenido en tiempos pasados la casposa figura de un general. Ahora estaba roto, como si su misma alma hubiera explotado insurrecta en pleno cuartel, dejando solamente al viejo pedestal herido. Así lo encontramos nosotros, y así nos dedicamos en largos días de sol a reconocer su herida mortal e inventarnos una nueva historia que no hablara de generales ni de guerras.

 

Inventamos una bandera nueva, una que no hubiera bailado en el cielo antes. Fue un tributo efímero a la grieta primordial, al vacío creador. 

Grietas

Una realidad que creímos rígida se rompe.

¿Qué hacemos con nuestras grietas?

¿Las exhibimos?

¿Las ignoramos?

¿les ponemos una capa de cemento más?

 

A veces con nombrarlas es suficiente.

A veces con saberlas es suficiente.

A veces parece que nada es suficiente para remendar

la negra piel de la noche,

rota desde adentro ; desgarrada por la luz.

 

Tocará entonces transformar en algo más

estos pedazos de lo que antes era

y hoy no es.

 

Tocará reconocer las geografías de este roto pedestal

deseoso de encontrar una nueva verdad

que dé sentido a su existencia.

This site was designed with the
.com
website builder. Create your website today.
Start Now