· Puerto Misahuallí ·

· Sur o no ser  y la Laguna Paikawe ·

Aunque apenas cruzábamos el ecuador y la sensación de un sur vasto esperándonos latía con nuestras pisadas, queríamos también registrar nuestras primeras andanzas y compartirlas. Así nació, en la calurosa selva de Puerto Misahuallí y bajo la mirada suspicaz de sus monos capuchinos, Sur o no ser.

 

Cruzando el río, la gigantesca selva amazónica zumbaba, llamándonos a salir del pueblo y ponernos a su merced. Sin embargo, los tours que ofrecían las agencias de viaje parecían querer mostrarnos la puesta en escena de una amazonía adulterada, para el gusto y la comodidad del turista.

 

En un paseo por los cercanos límites del pueblo, la Laguna Paikawe nos esperaba como un portal a una naturaleza auténtica. De la mano de Pedro, que habla con los pájaros y llama con destreza a los caimanes, descubrimos la luz y la oscuridad de la selva, como un parpadeo sutil que te permite entrever un mundo del que no haces parte.

 

Navegamos la noche reflejada en las profundas aguas, mientras sentíamos y buscábamos las bestias que dominan la laguna. Sombras. Brillos. Olas que se crean de la nada llamando nuestra mirada ciega. Luego, tierra y barro. Un techo de enredaderas serpenteantes y un ruido constante y sin forma que nos envolvía.
 

Recibimos el amanecer de nuevo en la canoa de Pedro. Esta vez los rayos naranjas del sol iluminaban todo a su paso, dotando de color y formas las sombras que habíamos intentado adivinar la noche anterior. Aún con la misma flora y fauna, la densidad de la noche y sus misterios daban paso ahora a un entorno aparentemente más liviano y expuesto, escenario para los bailes de los monos Tamarín y el vuelo errático de una mariposa gigante y azul.

 

Así pasaron nuestros días en Misahuallí, imaginando Sur o no ser al tiempo que Pedro nos guiaba por las aguas de este pedazo de mundo sin hombres.

S & M.

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