· Tierradentro ·

“Somos animales, nacidos de la tierra con las otras especies. [...] Lo que nos llevó a sobrevivir todos estos cientos de miles de años es nuestra espiritualidad, el vínculo con nuestra tierra.”

Sebastião Salgado, La Sal de la Tierra.

Hoy, habiendo salido ya de mi país, siento que es una injusticia con un pueblo el no poder conocer su territorio. La ruta que hicimos de San Agustín a Tierradentro hubiera sido una verdadera proeza hace algunos años. A muchos la simple curiosidad, las ganas de viajar y conocer, les costó la vida. Es el precio de nacer y vivir en un país en guerra y acostumbrado a la violencia. Espero poder decir que a mi me tocó, por lo menos en parte, una realidad distinta.

 

Tierradentro, ¡Cuántos significados puede evocar su sólo nombre! Salimos de La Plata después de esperar con algo de incertidumbre una camioneta que llegó con retraso y llena hasta el techo. A mi me abrieron un puesto adelante, con el conductor y otro pasajero que se tuvo que espichar contra la palanca de cambios para que yo cupiera. Marc no tuvo tanta suerte y le tocó hacerse en el techo, con cargamentos de plátanos y maletas, y encima de una máquina que no supimos nunca para qué era, pero que perforó los riñones del aventurero catalán durante las 2 horas de trayecto.

 

El camino, difícil desde el primer momento, borró toda posible incomodidad por su hermosura. Montañas majestuosas crecían a lado y lado de la carretera, que seguía la sabia huella del río Paez. ¿Nuestro destino? San Andrés de Pisimbalá. En efecto nos adentrábamos en la tierra; en las gigantescas cordilleras de la tierra colombiana.

 

En estos alejados parajes conviven indígenas y campesinos que viven, sobretodo, de la agricultura y ganadería. La tierra para ellos es el sustento que les da buen café, y a diferencia de otros departamentos, en el Cauca se produce durante todo el año. No falta tampoco el agua, que baja por quebradas chorreantes que musicalizan las caminatas por la reserva.

La cultura indígena está viva y presente. Los cabildantes se pasean por el pueblo luciendo los bastones, insignia de su poder político. Se practican asambleas quincenales, y tienen un rol fundamental en la resolución de conflictos dentro del pueblo.

 

Nuestra ignorancia fue premiada con asombro mientras el nombre de la región adquiría un nuevo significado. Las tumbas que visitamos, hipogeos profundos con complejas escaleras de piedra gigantes, nos deslumbraron con las estructuras y pinturas que adornaban sus paredes.

 

Entre el descomunal paisaje es fácil para un caminante cualquiera acceder al sentimiento espiritual e instintivo que movió a los antiguos habitantes de esta región a desear, en el momento de su muerte, el regreso a las entrañas de esa otra madre, la madre Tierra, para esperar en posición fetal un nuevo nacimiento.

Cuentan muchas historias los muertos, pero también los vivos tienen mucho que decir, como lo comprobamos con Don Rafael Cuéllar, que nos acompañó en parte de la dura subida al Aguacate, y nos mostró una de sus muchas fincas, construida con paciencia y dedicación en un tiempo en el que estas montañas no valían nada.

 

Campesino alegre y hablador, Don Rafael nos enseñó a distinguir y sembrar el árbol de Balso –que crece rápido y es fácil de tallar-. También nos mostró a La Parda, La Pintada y El muñeco, el ganado que pastaba en las altas lomas, y caminando lentamente nos habló del pasado, del presente y del futuro.

 

Ya sean ecos que vienen del más allá o palabras que se hilan entre pasos acompasados, la tierra que se pisa guarda entre sus caminos conocimientos de la más variada naturaleza. Cada lugar tiene una perspectiva única del mundo, y un pueblo que vive con miedo de moverse es un pueblo que vive con miedo a mirar las cosas desde nuevos puntos de vista.

 

No conocer los paisajes de nuestro país es no conocer tampoco su historia y su gente; es a fin de cuentas no conocer el país mismo.  Ojalá que el futuro le ofrezca nuevas miradas a unas tierra heridas y olvidadas, y ofrezca también nuevos ojos a los que, por miedo a mirar, sólo pueden ver un futuro negro.

Ojalá el futuro venga con hermosas vistas panorámicas.

S.

Hipogeo de Tierradentro · M

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